Todo lo que tuvo que pasar para que cantes una canción
- Seba Mardones
- 30 mar
- 2 Min. de lectura
La música refleja la complejidad de nuestra evolución. Combina ciencia, emoción y cultura, inspirando a valorar cada nota como fruto de siglos de ingenio humano.

Se dice que somos el único ser vivo que produce música, al menos lo que entendemos por música: ritmo, melodía y armonía.
Diversos factores debieron contribuir a esto. Por un lado, un cerebro altamente desarrollado, capaz de crear instrumentos, componer melodías y poner en marcha todo nuestro ingenio para que los sonidos resulten coherentes para nosotros y para quienes nos rodean. Por otro, el pulgar oponible, que nos permitió fabricar esos mismos instrumentos y luego tocarlos; además, la forma de nuestra mandíbula, los dientes, y el preciso movimiento de cada músculo de la lengua, que choca contra el paladar y los dientes mientras exhalamos el aire que hace vibrar nuestras cuerdas vocales.
Son demasiadas cosas sucediendo a la vez, tras un proceso de siglos, como para suponer que hacer música es algo sencillo. Sin embargo, la música nos resulta relativamente fácil.
Niños pequeños, en cualquier rincón del planeta, cantan, bailan o percuten. Sus oídos perciben cambios de intensidad en la voz de quienes los cuidan, reconocen de dónde provienen los sonidos y distinguen no solo una batidora de un auto, sino también a su madre de su abuela o de su padre.
Vicente Alarcón (búsquelo, de paso, para conocer el tremendo aporte que hizo a la música chilena) decía que para cantar solo se necesita una voz sana y un oído sano. Lo que no decía, porque lo damos por sentado, es que nuestro cerebro no solo debe estar sano, sino rendir al máximo para que podamos recordar la canción de un comercial, reconocer si nuestra mamá está triste cuando nos llama por teléfono, cantar la nota correcta al escuchar “¡Hasta dónde llegaré!” de Soda Stereo y marcar las palmas cuando suena una cueca (¡y qué decir de dar la vuelta en el momento preciso!).
Por eso, cuando vea que alguien canta, toca un instrumento o baila con gracia, celébrelo no solo porque es talentoso, sino porque allí hay siglos de evolución luciendo, como dijo la Violeta, “el fruto del cerebro humano”.



Comentarios