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Otra cosa es con (una buena) guitarra

  • Seba Mardones
  • hace 13 horas
  • 2 Min. de lectura

Hay algo que me cuesta dejar pasar con toda esta discusión nacional sobre el recorte presupuestario, la cultura, la educación artística y los instrumentos “económicos”. Porque pareciera que se aplica la misma idea de que para aprender música da lo mismo con qué empezar, mientras sea barato. Como si cualquier guitarra torcida, teclado que suena a microondas o batería de plástico pudiera servir “para ver si aprende”.

Y no.

Aprender música requiere condiciones mínimamente dignas. No perfectas. No boutique. Pero sí buenas. O al menos decentes.

Porque nadie aprendería a manejar en un auto “más o menos”. Imagínese la escena. “Mire, los frenos fallan un poco, la dirección tira para un lado y el motor parte cuando quiere… pero es para aprender nomás”. Uno entiende inmediatamente que una mala experiencia puede arruinar el proceso completo. O peor: hacer creer que uno simplemente no sirve para manejar.

Con los instrumentos pasa exactamente lo mismo.

Yo aprendí guitarra con una Tizona de esas que regalaban en el “Festival de la Una”. Y aunque claramente no era para un guitarrista profesional, era una guitarra noble. Sonaba. Afinaba. Permitía tocar sin pelearse físicamente con el instrumento. Después tuve guitarras malísimas. De esas que uno termina odiando no porque tocar sea difícil, sino porque el instrumento parece estar activamente en contra tuya. No voy a decir marcas porque espero, de todo corazón, que hoy hagan cosas mejores.

Pero sí puedo decir esto: no se puede aprender música en condiciones reguleques.

Si usted quiere aprender un instrumento —o quiere que su hijo aprenda— haga un ejercicio simple: mire el instrumento más caro y luego el más barato. Y después trate de conseguir algo que esté un poco más arriba del fondo del abismo. Aunque sea usado. Aunque tenga un rayón. Aunque no venga en caja brillante.

Porque a veces la diferencia entre abandonar la música y enamorarse de ella para siempre… es simplemente un instrumento que no te haga pelear con el acto de jugar a hacer música.


 
 
 

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