top of page
Buscar

Mi gran causa perdida

  • Seba Mardones
  • 11 may
  • 2 Min. de lectura

Hay canciones que uno escucha durante años sin entender del todo qué quieren decir. Y aun así funcionan. O peor: funcionan precisamente porque uno no las entiende. Me pasa con Fito. Me pasa con Spinetta. Hay frases que parecen escritas después de una conversación con Dios en una micro. Y aun así uno las canta como si entendiera perfectamente. Porque la música tiene esa trampa hermosa: no necesita explicarse para hacer sentido.


Durante mucho tiempo pensé que sería increíble poder preguntarle a esos compositores qué querían decir realmente. Como ir donde Spinetta y decirle: “Luis… ¿qué rayos quisiste decir con…?”. Pero después entendí que quizás da lo mismo. Porque las canciones, una vez que salen al mundo, dejan de pertenecerle a quien las escribió. Empiezan a vivir en la cabeza y en la historia de los demás.


No me voy a comparar con ellos tampoco. Sería como comparar un completo de estación de servicio con la cocina molecular. Pero sí me pasa algo parecido con una canción mía. La gente siempre me pregunta por una frase de “Eres Aurora”, una canción que escribí para mi hija cuando ella tenía apenas unos meses de vida. La canción empieza diciendo: “eres tú mi gran causa perdida”.


Y claro, más de alguien entiende que estoy diciendo que tener un hijo es inútil. Que no vale la pena. Que es una batalla perdida. Pero para mí, una “causa perdida” significa exactamente lo contrario.


Una causa perdida es eso por lo que uno sigue luchando incluso cuando sabe que no hay garantías. Cuando el resultado deja de importar. Cuando seguir ahí ya es, en sí mismo, la victoria. Porque amar a alguien tiene mucho de eso: insistir aunque estés cansado. Leer todas las noches “Las crónicas de Narnia” durante años. Dormir poco. Preocuparte siempre. Hacer cosas absurdas solo para ver a alguien sonreír por dos segundos.


Y sí, probablemente luchar por un hijo sí tenga resultados. Seguramente muchos. Pero creo que eso nunca ha sido lo importante.


Madres y padres no funcionamos por rendimiento. No es una inversión a largo plazo ni un emprendimiento emocional. Uno no ama esperando métricas positivas al cierre del período.


Uno ama porque sí.

Por convicción.

Por esperanza.

Por una especie de terquedad emocional


O como me dijo la IA, en un tono elegantemente frío: “Una causa perdida es algo donde seguir intentando parece inútil, aunque a veces las personas continúan por convicción, esperanza o terquedad”.


En mi caso, supongo que por amor.



 
 
 

Comentarios


bottom of page