¿Por qué alguien se dedicaría a la música?
- Seba Mardones
- 9 ago
- 2 min de lectura

Cuando cumplí 18 años tuve que enfrentar la abrumadora decisión de elegir qué iba a hacer el resto de mi vida. Los 18 años previos tenían esa tranquilidad de saber qué viene después: de 1° pasas a 2°, luego a 3°, y así sucesivamente. Pero al salir del colegio me encontré con que no había un “año siguiente”, sino un vacío.
¿Qué pasaría si no me gustaba lo que estudiaba? ¿Y si me gustaba, pero me iba mal? ¿Y si no me gustaba y, además, me iba mal?
En medio de ese dilema conversé con una persona, específicamente un cura (porque, díganme, si no hay que tener una vocación profunda —al menos al comienzo— para ser cura…). Me dijo que él siempre había querido serlo, desde que tenía uso de razón. De esa conversación salí con una lucidez absurda: ¡yo siempre había querido tocar guitarra! Desde que tengo memoria.
Cuando estaba en el colegio hablaba con Juan Luis “Yeyo” González y Juan Cristóbal Fernández sobre tocar, hacer videoclips, sobre canciones… Y lo más ridículo era que ninguno de nosotros tenía instrumentos, y ni hablar de saber tocar algo!
También recuerdo años antes, en ese mismo colegio, a la tía Ingrid preguntándonos en segundo básico qué queríamos ser cuando grandes. Una pequeña Andrea Arístegui levantó la mano y dijo: “Yo quiero ser periodista”. Un recuerdo que parecía intrascendente… hasta que la vi en la tele más de veinte años después.
Se supone que la vocación es una mezcla de factores: en qué eres bueno, qué te gusta hacer y qué de lo que haces es necesario para la sociedad en la que vives. Si logras alinear esas tres cosas, te sacaste el premiado.
Hoy, cuando pareciera que los jóvenes están desesperados por “mostrarse necesarios” (que no es lo mismo que “ser necesarios”) y se olvidan de buscar qué les gusta y en qué son buenos, me acuerdo de esa niña levantando la mano. Veo la gran periodista que es hoy y quisiera decirles a esos niños y jóvenes que miren en silencio hacia adentro en lugar de gritar hacia afuera, porque ahí está la respuesta de quiénes son. Y también quisiera decirles a madres y padres que tal vez en su casa tienen a una Andrea Aristegui, y ustedes quieren que sea un ingeniero civil industrial.
Escuchen los sueños de sus hijos e hijas, porque ahí está lo que el mundo necesita. Que los sueños se hagan realidad.



Gracias por su reflexión, me hace mucho sentido y, ya en mis 38 años, remueve aún mis deseos de hacer lo que me gusta. Que importante es que los jóvenes tengan el apoyo, las oportunidades y el consejo sabio para poder seguir a su corazón y dedicarse a lo que aman. Le mando un abrazo 🤗
Buena columna. Y muy cierto lo que mencionas, creerse necesario en algo, no es lo mismo que ser necesario ✌🏼