¿Y si la música no fuera para todos?
- Seba Mardones
- 16 abr
- 2 Min. de lectura

La música suele parecernos un lenguaje universal. Nos emociona, nos conecta y muchas veces nos acompaña en los momentos más importantes de nuestra vida. Pero existe una condición que desafía esta idea: la amusia.
La amusia es un trastorno neurológico que impide a las personas percibir correctamente la música. Quienes la padecen no distinguen tonos ni melodías, y en algunos casos ni siquiera notan que una canción está desafinada. No se trata de falta de interés o falta de gusto (“sobre gustos no hay nada escrito” sobre todo en la música de estos días); es el cerebro el que no logra procesar estas señales de la misma forma que la mayoría.
Uno de los casos más comentados es el del “Che” Guevara. En la película “Diarios de motocicleta”, que relata su viaje en motocicleta por distintos países de América (entre esos Chile), se puede ver cómo reconocía ciertas canciones solo por la letra, sin darse cuenta de que estaban siendo interpretadas con un ritmo diferente al que conocía. Quizás, para él, la música era más una idea que una experiencia auditiva clara.
Lo interesante es pensar en el contraste: mientras algunas personas no pueden percibir la música, muchos vivimos prácticamente a través de ella. Forma parte de nuestros grupos de pertenencia en la adolescencia, estimula nuestro desarrollo psicomotor durante la infancia, favorece la conservación de los recuerdos en la vejez, nos mueve, nos emociona y define momentos de nuestra identidad.
Entonces me asaltó la pregunta: ¿cómo sería vivir sin poder procesar la música y lo que ese procesamiento nos provoca? Es una de las preguntas que está tratando de responder la ciencia en un área tan desconocida como nuestro cerebro y su relación con un universo tan vasto y maravilloso como la música



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